
DESCUBRE TUS TRES HERIDAS FUNDAMENTALES
27/04/2025
En los posts anteriores ya he hablado acerca del dolor que tú, yo y todos los seres humanos sobre el planeta tuvimos que vivir en nuestra infancia. Hemos visto también que aunque ya somos hombres y mujeres adultos, muchas de aquellas heridas siguen presentes en nuestro día a día, impidiéndonos vivir la vida plena y feliz que todos deseamos.
Por otro lado, por el simple hecho de que estés leyendo un artículo de este tipo, estoy segura de que ya sabes o al menos intuyes que viniste a este plano de consciencia a experimentar la realidad divina que eres, y también sé que muy probablemente aún no has descubierto cuál es la clave que te ayudará a reconectar con tu verdadera esencia.
En este post vamos a ver las tres heridas fundamentales que viviste a partir de los dos años y medio, que sentaron las bases de esa idea absurda y al mismo tiempo tan generalizada que nos hizo creer que somos alguien que está separado de la divinidad.
“Hoy vas a comprender que sólo podrás volver a sentir que eres Una con la Fuente y recuperar la felicidad que te pertenece, cuando te decidas de verdad a mirar de frente y a abrazar las heridas de tu niño interior”
Nuestra verdadera naturaleza es amor, paz, alegría y plenitud, y a todos nos fueron dadas las semillas de estas cualidades en potencial, para que las vayamos desarrollando a lo largo de nuestra vida. Ese potencial de tu realidad divina se expresa en el plano físico a través de tres centros de energía, que son el amor, la sabiduría y la fuerza, y todas las heridas emocionales que has vivido están asociadas a ellos.
Dependiendo de la intensidad y de la repetición de los hechos que te hirieron, y de otros factores como la personalidad de tus padres o la edad a la que viviste el daño, te habrá afectado más una herida que otra, pero todos hemos vivido las tres. Es importante aclarar que todas ellas empezaron a tener lugar a partir de los dos años y medio, y que continuaron manifestándose durante toda tu infancia y adolescencia hasta llegar a la edad adulta.
En el artículo El origen de tus conflictos: la angustia existencial, vimos cómo y para qué se formó tu ego a raíz de la aparición de la angustia primigenia, y hoy vamos a ver cómo ésta está relacionada con las tres heridas fundamentales que ya he mencionado, así como con sus respectivos centros energéticos.
“Al leer sobre estas heridas te recomiendo que observes con cuál de ellas te identificas más, y también qué consecuencias ha traído a tu vida”
Asimismo, si deseas ahondar en tu crecimiento y desarrollo espiritual, te recomiendo la lectura de mi novela autobiográfica Cuando mi doble cuántico me salvó de mí misma, de la mano de Un Curso de Milagros, una historia de superación personal en la que podrás comprender en profundidad el propósito trascendental de todo el dolor que necesitaste atravesar.
Ahora, veamos estas heridas y recuerda: intenta identificar cuál de ellas resuena más contigo. La primera es la herida afectiva, que está asociada al centro energético del Amor.
1.-Herida afectiva:
El niño vive la sensación de caer en un pozo oscuro. Hay mucha soledad, tristeza y un sentimiento profundo de haber sido abandonado. Esto le impide desarrollar su potencial de amor, pues es lo que ha venido a trabajar: la afectividad. Esta energía se manifiesta a partir de los tres años.
La segunda herida es la de valoración, y está asociada al centro energético de sabiduría.
2.-Herida de valoración:
No se ha sentido visto ni valorado, sus capacidades no han sido reconocidas. No ha desarrollado su potencial con respecto a su valía, sus capacidades reales. Ha venido a trabajar la sabiduría, la comprensión última del sentido de su vida. Esta energía se activa a partir de los siete años, haciendo su aparición especialmente en su vida escolar: se convertirá en un fracaso siguiendo el principio de Pigmalión, o hará todo lo contrario buscando a toda costa el reconocimiento perdido.
Por último, la tercera herida es la de seguridad, y está asociada al centro energético de la fuerza.
3.-Herida de seguridad:
Se ha sentido invadido y débil. No ha desarrollado su potencial de energía, su fuerza. Ha venido a trabajar la seguridad en sí mismo, a descubrir que su verdadera fortaleza está en su vulnerabilidad. Se activa en la adolescencia a través de una actitud rebelde y subversiva.
“Así, nos encontramos con las tres experiencias de angustia que corresponden a los tres potenciales y heridas”
1.-Angustia del abandono:
El niño se sintió no querido y muy solo, y no les echó la culpa a los padres, sino a sí mismo (en la adolescencia sí que lo hará). Se convierte en un niño bueno para no volver a sentirse abandonado, y alberga mucha culpa en su interior. Desarrollará unas dinámicas de necesitar hacer siempre lo que la sociedad, la familia, la religión, dicen que es lo correcto. Tiene una gran inseguridad en sí mismo, se calla, se esconde, tiene muchos miedos. Anula su energía, porque asocia su fuerza con la agresividad y siente que eso es algo malo. Con el paso de los años se creerá responsable de la felicidad de los demás y llevará mucha rabia reprimida en su interior. Buscará en el exterior que le quieran y le valoren, convirtiéndose en una persona muy dependiente emocionalmente.
2.-Angustia de valoración:
En este caso el niño no es abandonado ni siente un exceso de autoridad o de enfado en el exterior, sino que los mayores están muy ocupados y no le ven. Siente que no existe, que no es importante. Siente la angustia y piensa: “el mundo externo es peligroso, me tengo que proteger de él”, “no sé quién soy”. Se convierten en personas aisladas, solitarias y muy controladoras desde la cabeza, pues ahí encuentran su seguridad y la huida de la angustia. Han cerrado su corazón, piensan que sienten, pero en realidad han bloqueado sus emociones y las viven desde la razón. Necesitan comprenderlo e intelectualizarlo todo, así como ser considerados y admirados.
3.-Angustia de Seguridad:
El niño se siente apabullado. Los padres suelen ser personas autoritarias y enfadadas y él se siente débil e inseguro, pues no ha podido desarrollar su sentido de pertenencia. En muchos casos, serán niños que han vivido maltratos o abusos. Ha escuchado frases del tipo “no me molestes”, “eres tonto”, y en su interior siente “no sé”, “no valgo”, pero al contrario que los anteriores, este niño se rebela y su mente le dice: “Voy a ser muy fuerte”, “Mamá y papá no saben, yo tengo la razón”. Esto le ayuda a acallar su angustia pues le hace sentir seguro, y así aprenderá a autoafirmarse y a llevar la voz cantante para no perder esa falsa sensación de seguridad. A medida que vaya creciendo se enfadará a menudo y tenderá a culpar al exterior de sus problemas, también buscando tapar su angustia. No puede reconocer que en el fondo se siente débil e inseguro y en su afán de seguir siendo fuerte, cuidará y protegerá a los débiles, pero rechazará y juzgará a los sosos, los inactivos, pues así fue como se sintió de pequeño.
“Aunque todos hemos vivido las tres heridas, siempre una de ellas será nuestro talón de Aquiles, la que realmente hemos venido a trabajar”
Esta última fue mi herida principal, la de Seguridad, y te aseguro que la vida, que siempre nos quiere y nos cuida, se encargó muy bien de obligarme a rendirme ante mi angustia trayendo a mi vida situaciones de máxima vulnerabilidad, por más que mi ego intentó arreglárselas una y otra vez con mi ira y mi prepotencia para perpetuar sus mecanismos de huida. Y ese es el tema que abordaremos en el post de la próxima semana: las estrategias que encontró tu mente inconsciente para que no volvieras a sentir aquella angustia original, sin que te des cuenta de que ésta es tu mayor trampa y que precisamente lo único que consigue es perpetuar ese dolor al que tanto temes.
Quiero volver a recalcar que todos, absolutamente todos hemos experimentado estas heridas, y encuentro fundamental sentar esta base teórica para que tú, que llevas muchos años pensando y sintiendo que tienes una escasa o nula valía como persona, que has creído ciegamente estar separado de la Fuente y no ser digno de ser amado, puedas empezar a sentir un alivio al aceptar la posibilidad de que todo aquello que asumiste acerca de ti mismo fue una ilusión, un engaño de tu mente, y que comprendas que eres mucho más de lo que hasta ahora has creído que eres. Todos hemos vivido las tres heridas porque todos hemos venido a lo mismo: a reencontrarnos con la Divinidad, que no está ahí fuera como nos enseñaron.
Si deseas profundizar en este tema, te invito a visualizar este vídeo de mi canal de Youtube.
