
Olga Casteres – 27/01/2025
AUTOESTIMA
¿PODEMOS CAMBIARLA?
En todo trabajo de desarrollo personal encuentro imprescindible hacer al menos una pequeña incursión en el concepto de la autoestima y la importancia que ésta tiene en nuestra vida, ya que es esa imagen que construiste de ti misma en tu niñez -y la mucha o poca valía que pusiste en ella-, la que marcó si no todos, con seguridad la mayor parte de los acontecimientos y experiencias que has atravesado a lo largo de los años y que te han traído hasta el día de hoy. Vamos a empezar abordándolo a través de tres simples preguntas:
¿Alguna vez te has preguntado qué es y de qué depende el concepto que tienes de ti misma?
¿Dirías que son los hechos, las circunstancias y las personas que hay en tu vida los que te proporcionan tu autoestima? Si esto fuera así, ¿significa que cada vez que te ocurre algo desagradable la imagen que tienes de ti misma tendrá que verse afectada?
Veamos primero a qué me refiero cuando te hablo de autoestima, y más adelante desarrollaremos las otras cuestiones:
La autoestima es la actitud que mantienes en la relación contigo, es decir, tu forma habitual de pensar, sentir y comportarte hacia ti misma, y que posee tres aspectos básicos relacionados entre sí: Cognitivo, afectivo y conductual.
Aspecto cognitivo: pensamientos
Está asociado a las ideas, opiniones y creencias que tienes sobre ti misma, es la impresión que tienes sobre tu propia personalidad y sobre tu conducta.
Aspecto afectivo: emociones
Refleja la valoración que tú misma haces, consciente o inconscientemente, de lo positivo y negativo que hay en ti. Son los sentimientos que tienes acerca de lo favorable o desfavorable, de los agradable o desagradable que ves en ti. En definitiva, es un reflejo que te muestra si estás a gusto o a disgusto contigo misma, si sientes afecto y respeto hacia la persona que eres, o si por el contrario, es desprecio lo que sientes.
Aspecto conductual: acciones
Tus actitudes habituales te permiten ver la coherencia o la incoherencia con la que actúas, es decir, valorar si tu comportamiento está en sintonía o no con tu manera de pensar y sentir. Es el esfuerzo que haces por alcanzar respeto y valoración ante ti misma y ante los demás.
Visto lo anterior, podemos deducir que una persona con una autoestima alta piensa, se siente y se comporta de la siguiente manera:
.-Confía en su propia capacidad de pensar y en su capacidad para enfrentarse a los desafíos de la vida (aspecto cognitivo)
.-Acepta y reconoce tanto sus cualidades personales como sus limitaciones (aspecto afectivo)
.-Actúa de forma coherente, respetándose a sí misma y respetando a los demás (aspecto conductual)
Así pues, podemos asumir que cada una de las experiencias que vives en tu vida es la consecuencia final de tus pensamientos, emociones y conductas, y que la calidad de estas experiencias va a depender totalmente de la naturaleza de dichos pensamientos, emociones y comportamiento. Como ya hemos visto, estos son los tres componentes de tu autoestima, así que respondiendo a la segunda pregunta del inicio, podemos afirmar sin lugar a dudas que son las experiencias de tu vida las que están marcadas y predeterminadas por el nivel de tu autoestima, y no al revés.
Con respecto a la primera pregunta: “¿De qué depende tu autoestima?”, podemos asegurar sin ninguna duda que ésta es adquirida y que se genera como resultado de tu propia historia personal, es decir, que es el fruto de las experiencias que te han influido desde el momento en que comenzó tu gestación en el vientre materno.
El que te consideres más o menos valiosa depende en gran parte de las valoraciones que hicieron de ti las personas más influyentes de tu entorno (padres, educadores, amigos, hermanos, etcétera), muy especialmente durante los años de tu infancia.
De niños, todos en mayor o menor grado hemos percibido amor o abandono, respeto o humillación, placer o dolor de los demás
Y esto nos ha influido por encima de otras experiencias y ha marcado en gran parte la trayectoria de nuestras vidas. Nos ha afectado de tal manera, que el aprecio o la falta de él que ahora nos tenemos a nosotras mismas depende principalmente de cómo fue nuestra experiencia vital durante aquellos primeros años.
La buena noticia es que esa imagen que has construido de ti misma no es estática, sino al contrario. Su naturaleza es dinámica y por tanto puede crecer, arraigarse, ramificarse y conectarse con otras actitudes tuyas. En definitiva, el nivel de autoestima que tienes ahora mismo sí ha dependido directamente de las experiencias que viviste en la infancia, y lo positivo con respecto a esto es que ese concepto que tienes de ti misma es una estructura mental que puede cambiar, pues tienes la capacidad de ejercitarla, desarrollarla y transformarla.
Olga Casteres
Terapeuta Gestalt-Terapeuta Transpersonal
www.olgacasteres.es
